La primera vez que vi las Bardenas la impresión fue tan fuerte que supe que volvería más veces. El alma y la personalidad de este territorio vienen marcadas por la soledad y silenciosos colores ocres y rojizos.

Se encuentran al sureste de Navarra en la comarca de La Ribera, siendo Tudela la puerta de entrada al dejar la autopista. A pocos kilómetros y antes de llegar a Arguedas tenemos un buen acceso. El campo base puede ser Arguedas, donde Iñaki que regenta el Hotel Camino de Las Bardenas, aficionado a la fotografía nos ayudará en lo que le pidamos. En la única librería del pueblo podemos adquirir un mapa de Las Bardenas, el propietario Ángel otro amante de la fotografía y de largas conversaciones, nos informara donde están los cortadicos más interesantes.

Las Bardenas tienen una extensión de 45.200 hectáreas, con un perímetro de 45 Km. de largo por 25 Km. de ancho. La altitud máxima es de 650 metros. Al norte pasa el río Aragón y al sur el río Ebro.

Provienen de la Corona de Navarra que las cedió en 1705  “en exclusividad y a perpetuidad” a 22 congonzantes (los que disfrutan de su uso), 19 municipios, los dos más lejanos son los valles de Roncal y Salazar, más el monasterio cisterciense de La Oliva. Todos forman una entidad jurídica y administrativa.

Pero sobre todo pertenecen a los pastores que las utilizan desde hace siglos como una vía de trashumancia. Cuando llegaba el invierno, descendían del Pirineo (Roncal y Salazar) con sus rebaños, a finales de septiembre.

Tierras frágiles, ignoradas e inhóspitas.

Tierras frágiles, olvidadas y después maltratadas.

Solo se acordaron de ellas para acribillarlas. En 1950 la Comunidad llega a un acuerdo con el ejercito, ceden 2000 hectáreas, pero el vuelo de los aviones estremece muchas más. Los congonzantes cedieron el silencio y la tranquilidad por 80 millones anuales.

Ahora la sociedad y las instituciones se han acercado a Las Bardenas. La progresiva mentalización de la Comunidad y las organizaciones ecológicas locales, están moviendo conciencias. Después de ser declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, el ejército sobra en este Parque Natural de belleza salvaje.

El cabezo de Castildetierra, que parece una chimenea de hadas se ha convertido en su figura más emblemática.

Predominan las gargantas con desfiladeros estriados, barrancos que se van moviendo unos metros cada año. En su mayoría se extiende una superficie deshabitada donde predomina la tierra blanda compuesta por arcillas, limos y areniscas. Las tierras son de  color rojizo hacia el rosa pasando por el ocre. Están sujetas a un clima mediterráneo occidental, lluvias escasas con veranos calurosos e inviernos fríos.

Un paisaje semidesértico, donde el viento es el elemento clave que ha moldeado a su antojo las formas. El viento predominante es el Cierzo  que viene del Noroeste y va hacia Sureste, alcanzando los 70 Km/h, llegando a 120 Km/h.

En cada nuevo viaje descubro situaciones y parajes nuevos, depende del mes del año te encuentras con unas u otras Bardenas. El silencio lo llena todo y la introspección visual que recibo ayuda a conocerme mejor. Me impregno de su carácter solitario, tranquilizo la mente, dejo fluir paisajes maltratados.